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Ariel Cuello, el payador que lleva la tradición gaucha por los caminos de Córdoba

Ariel Cuello, el payador que lleva la tradición gaucha por los caminos de Córdoba

Tiene 36 años, nació en Cosquín y desde muy chico creció rodeado de caballos, desfiles y gauchos. Ariel Cuello lleva buena parte de su vida vinculada a las tradiciones criollas y, encontró en el escenario una nueva manera de expresar esa pasión, el arte de la payada.

Hoy recorre escenarios de toda la Provincia de Córdoba y, especialmente, del Valle de Punilla y Traslasierras. Allí, entre caballos, jineteadas, milongas y recitados, Ariel continúa haciendo lo que más disfruta, mantener viva la tradición a través de la palabra.

Antes de tomar el micrófono, ya recorría distintos puntos de la provincia arriba de un caballo. Participó durante años en desfiles patrios, destrezas gauchas y jineteadas, experiencias que con el tiempo se convirtieron en una herramienta fundamental para su trabajo como payador.

«Estoy haciendo algo que me gusta, que me apasiona mucho. Cuando subo a un escenario, la verdad es que lo disfruto mucho», cuenta Ariel al recordar sus comienzos.

A los 23 años comenzó a subir a los escenarios para relatar los desfiles gauchos. Poco después, fueron llegando nuevas oportunidades y las puertas se abrieron hacia las destrezas criollas y las jineteadas. Desde entonces, su voz comenzó a hacerse presente en distintos festivales y encuentros tradicionalistas de Córdoba, especialmente en el Valle de Punilla.

Una pasión que nació desde chico

El vínculo de Ariel con la cultura gaucha no comenzó frente a un micrófono. Nació mucho antes, en su infancia, entre caballos, viajes y encuentros con hombres y mujeres de tradiciones criollas.

«Siempre me gustaron los caballos, siempre hemos tenido caballos. Hemos andado en los desfiles, hemos viajado a muchos lugares y hemos competido en las destrezas gauchas. Me apasionan mucho las jineteadas»; asegura en diálogo con EL DIARIO.

En su familia también existió siempre una fuerte conexión con la tradición, aunque expresada desde distintas disciplinas. Su padre es músico y está más ligado al folclore, mientras que Ariel encontró su camino en el mundo de los recitados y las milongas.

«Mi padre también me pregunta lo mismo, porque a él le gusta este ambiente, pero es músico, se tira más para el folclore. Y yo le digo: a mí me vas a encontrar acá, en lo que es el ambiente gaucho, los caballos, los recitados, las milongas. Es lo que más me gusta», explica.

Entre grandes, caballos y fogones

La infancia de Ariel estuvo marcada por una particular escena que se repetía cada enero, durante los días previos al Festival de Cosquín.

Amigos de su padre llegaban a caballo y se instalaban durante varios días en su casa. Eran jornadas compartidas entre grandes, caballos, historias y tradición.

«Llegaba gente a caballo dos o tres días antes del festival. Acampaban en mi casa. Eso fue lo que fui mamando de chiquito», recuerda.

Después llegaba el momento del desfile. Bajaban hacia el centro de Cosquín para participar de la jornada y luego regresaban al «rancho», donde continuaban los encuentros. Así, casi sin darse cuenta, Ariel fue incorporando códigos, historias y personajes de un ambiente que años después terminaría convirtiéndose en su oficio.

El conocimiento que se transforma en recitado

La payada exige talento, rapidez e ingenio. Pero para Ariel hay algo más que resulta fundamental: conocer a quienes tiene delante.

Sus años recorriendo desfiles y encuentros gauchos le permitieron construir vínculos con gran parte de los hombres y mujeres que participan de estas celebraciones. Ese conocimiento se convierte luego en inspiración cuando llega el momento de improvisar.

«Lo que me ayuda mucho es el andar que tuve en mi juventud. Conozco mucho el ambiente gaucho, entonces a la mayoría los conozco», cuenta.

Y cuando aparece alguien a quien no conoce, especialmente entre las nuevas generaciones, también encuentra la manera de construir el recitado.

«Por ahí me suele pasar con los jóvenes. Se va renovando y hay muchos que ya no andan en las juntadas criollas como antes, entonces no los conozco. Lo que hago es florearle el caballo, las pilchas o contar una historia de su padre o de su abuelo»; añade.

Mantener viva la tradición

Para Ariel, el crecimiento de las actividades vinculadas a la tradición gaucha representa una señal positiva. Considera que, después de algunos años en los que determinadas costumbres perdieron protagonismo, hoy existe una nueva valoración, especialmente entre los jóvenes y las mujeres que se incorporan cada vez más a este mundo.

«Gracias a Dios y al Cura Brochero esto se está haciendo cada vez más fuerte», sostiene.

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El Diario de Carlos Paz
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