Hay gestos que trascienden un resultado deportivo y abrazos que solo el pueblo argentino sabe dar. Este lunes pasadas las 18, bajo un cielo desplomado en agua sobre Buenos Aires, el avión de Aerolíneas Argentinas tocó suelo en el Aeropuerto Internacional de Ezeiza. De él bajó la Selección Argentina tras coronarse subcampeona en el Mundial 2026, y lo que esperaría en tierra no fue silencio ni reproche, sino una fiesta de gratitud pura.
Una alfombra roja dispuesta al pie de la escalinata y una banda musical marcando el pulso de los cánticos más icónicos del torneo recibieron a la delegación.
Los primeros en dar el paso fueron Lionel Scaloni y Claudio «Chiqui» Tapia, seguidos por Nicolás Otamendi al frente de un grupo de futbolistas —entre ellos «el Dibu» Martínez, Cuti Romero, Alexis Mac Allister, Enzo Fernández y Lautaro Martínez— que, aun con el cansancio y la nostalgia a cuestas, no dudaron en devolver cada muestra de cariño.
La fidelidad de un pueblo que no olvida el esfuerzo
Ni la lluvia copiosa ni el subcampeonato frenaron a los cientos de fanáticos que bordearon los accesos al predio de la AFA. Aunque ausentes de peso como Lionel Messi y Rodrigo de Paul no formaron parte del vuelo junto a otros cuatro compañeros, el reconocimiento popular envolvió por igual a cada integrante que pisó el país.
El plantel subió a un colectivo descapotable ploteado para la ocasión con la leyenda «Bienvenida, Selección Argentina» y un mensaje que sintetiza el sentir general: «Gracias por dejarlo todo».
El trayecto al predio: Acelerando entre banderas flameando bajo el agua y cánticos que desafiaron a la tormenta, los jugadores se asomaron desde el micro para saludar y registrar con sus teléfonos un recibimiento que reafirma que el idilio entre la gente y esta camiseta sigue intacto.