El ultraderechista Flávio Bolsonaro obtuvo el 47,06% frente al 45,13% de Lula da Silva. La diferencia de 2 millones y medio de votos deja la definición para el 25 de octubre, en un escenario de fuerte avance de la derecha en toda América Latina.
Brasil amaneció este lunes con un escenario que pocos anticipaban y que confirma una tendencia continental: la extrema derecha ganó la primera vuelta. Con el 99,87% de los votos escrutados, Flávio Bolsonaro, el hijo del expresidente detenido por el intento de golpe de Estado, se impuso a Lula da Silva por 47,06% a 45,13%, una diferencia de casi 2 millones y medio de sufragios. La decisión de quién ocupará el Planalto a partir del 5 de enero de 2027 quedó postergada hasta el 25 de octubre, cuando ambos candidatos se enfrenten en el balotaje.

El resultado es un golpe duro para el PT y para el propio Lula, que llegaba a la elección con el impulso de las encuestas y la expectativa de una victoria en primera vuelta. A las dos horas de cerrada la votación, la diferencia a favor de Bolsonaro rondaba los 7 puntos, lo que en el búnker petista fue percibido como una catástrofe. Sin embargo, con el correr del escrutinio, esa distancia se fue desflebrando hasta reducirse a menos de dos puntos, dejando a Lula en una posición complicada, pero con chances de remontar.
El mapa que explica el triunfo bolsonarista
Los números de la primera vuelta muestran una derechización del electorado brasileño, con Bolsonaro imponiéndose en 15 estados, incluido el distrito federal de Brasilia, mientras que Lula ganó en 12, con el nordeste teñido de rojo y el centro-sur de azul. El caso más emblemático es San Pablo, donde el gobernador Tarcisio de Freitas le ganó por paliza a Fernando Haddad con el 62,64% contra el 36,43%. San Pablo reúne a casi un cuarto del electorado nacional y fue el termómetro de una ola que no da tregua.

El avance regional y el rol de Trump
El resultado brasileño se inscribe en un efecto dominó regional que, a lo largo de 2026, ungido a varios presidentes de extrema derecha: Keiko Fujimori en Perú, Abelardo de la Espriella en Colombia, Rodrigo Paz en Bolivia, José Antonio Kast en Chile y Laura Fernández en Costa Rica, entre otros. A pedir de Donald Trump y su secretario de Estado, Marco Rubio, dos halcones que jugaron fuerte para uniformar el mapa de aliados en América Latina. En ese contexto, el triunfo de Bolsonaro no es un hecho aislado, sino un eslabón más de una estrategia hemisférica que busca consolidar gobiernos afines a Washington.
La estrategia para el balotaje
Lula declaró, ya con el escrutinio terminado: «Muchas veces el resultado es inesperado y confieso que estaba convencido de que iría a ganar la elección en el primer turno; mas eso ya aconteció otras veces. En la segunda vuelta será la hora de mostrar la verdadera fotografía del Brasil de hoy». Y anticipó su estrategia: «Vamos a hacer una apelación a la gente que no fue a votar».
La abstención, que rondó el 20% —casi 34 millones de brasileños no concurrieron a las urnas—, se convierte en el factor clave del balotaje. A eso se suman los 2,3 millones de votos en blanco y los electores de los otros once candidatos, en su mayoría de derecha, que difícilmente apoyen a Lula.
El 25 de octubre, Brasil definirá si continúa el proyecto que sacó al país del mapa del hambre o si el apellido Bolsonaro vuelve al poder, esta vez sin el carisma agresivo del exmilitar preso en Brasilia. Lo que está en juego no es solo el futuro de Brasil, sino el equilibrio político de toda América Latina.
Redacción Diario de Punilla
Fuente: Página 12 / corresponsalía en San Pablo