Villa Carlos Paz recuerda este martes 25 de agosto a la beata María del Tránsito Cabanillas de Jesús Sacramentado, considerada una de las figuras religiosas más importantes de Córdoba y la primera mujer argentina elevada a los altares por la Iglesia católica.
La fecha coincide con el aniversario de su muerte, ocurrida el 25 de agosto de 1885, luego de una extensa enfermedad. Tenía 64 años y dejaba como legado una congregación religiosa, diferentes obras educativas y una vida caracterizada por la humildad, la caridad y el servicio.
María del Tránsito Eugenia de los Dolores Cabanillas nació el 15 de agosto de 1821 en la estancia Santa Leocadia, ubicada en el antiguo valle de San Roque, dentro del territorio que posteriormente daría origen a Villa Carlos Paz. Fue hija de Felipe Cabanillas y Francisca Antonia Sánchez.
A los cinco meses fue bautizada en la antigua capilla de San Roque, situada en un sector que décadas después quedó cubierto por las aguas del lago. Desde pequeña recibió una profunda formación cristiana y creció en una familia estrechamente vinculada con la vida religiosa.
Antes de convertirse en religiosa desarrolló una intensa tarea como laica, acompañando a personas enfermas, ayudando a familias necesitadas y participando en diferentes obras de misericordia. Con el paso de los años intentó ingresar a comunidades contemplativas de Buenos Aires y Montevideo, pero sus problemas de salud le impidieron permanecer en ellas.
Aquellos obstáculos terminaron orientándola hacia una misión diferente. El 8 de diciembre de 1878, cuando tenía 57 años, fundó en el barrio San Vicente de la ciudad de Córdoba el Instituto de las Hermanas Terciarias Misioneras Franciscanas.
La nueva comunidad comenzó con apenas tres religiosas. Al día siguiente de la fundación, Tránsito salió con una pequeña canasta para solicitar alimentos destinados al sostenimiento de sus compañeras. Esa imagen dio origen al nombre afectuoso con el que todavía es recordada: “la Santa de la Canastita”.
La congregación impulsó la enseñanza religiosa de los niños y creó una escuela para niñas, especialmente destinada a quienes no tenían posibilidades de acceder a la educación. Su obra se extendió posteriormente a otras poblaciones de la provincia.
Los últimos años de Tránsito estuvieron marcados por la enfermedad y por dolorosos conflictos dentro de la institución que había creado. Pese a quedar relegada, permaneció en la comunidad y continuó acompañando a las hermanas desde la oración.
Su figura comenzó a ser recuperada varias décadas después de su fallecimiento. En 1958 se inició formalmente el camino para estudiar su vida y sus virtudes. Fue declarada venerable el 18 de junio de 1999 y beatificada por san Juan Pablo II el 14 de abril de 2002 en la plaza de San Pedro.
A 141 años de su muerte, su memoria permanece especialmente viva en Córdoba y Villa Carlos Paz, la tierra serrana donde comenzó la historia de la primera mujer argentina proclamada beata por la Iglesia católica.