Las casas se alejan, quedan detrás. La ruta 38 zigzaguea hacia el norte, una lomada desciende y antes del límite con Charbonier, un portón parece abierto para que siempre queden ahí restos de la ciudad. Algo crece sobre la piel de la tierra. No son las rocas que emergieron hace miles de años, tampoco el pasto puna que crece en las cimas. Son miles de toneladas de ese desecho acumulado durante más de 40 años. Fragmentos de lo que somos, acomodados como una estantería enorme, amorfa, que huele a podrido.

Estamos entre el límite norte de Capilla del Monte y el límite sur de Charbonier. Respiramos un aire denso y debajo de un cielo difuso que decolora cada tanto al sol, funciona un basural. Delante de una de las montañas de basura colocamos el trípode y la cámara. Cesar Carballo y Lucio Giagnorio, integrantes de la Asamblea por el cierre del Basural Ilegal, se acomodan en medio de un escenario de despojos.

Lucio y César, integrantes de la Asamblea por el cierre del basural

“Este basural tiene acá más de 40 años y si bien antes Capilla del Monte era más chico, la dinámica de juntar basura toda mezclada y quemarla una vez al año la tuvieron siempre”, cuenta César.

Hace cuatro décadas, el Censo Nacional de 1980 registraba 6.779 habitantes en Capilla del Monte; hoy, el municipio trabaja con una estimación de alrededor de 18.000 habitantes. La diferencia ayuda a dimensionar un problema que se sostiene sobre una infraestructura de disposición final que, en lo esencial, arrastra más de cuatro décadas de historia.

La Asamblea por el cierre del basural se consolidó en 2023, después de años de reclamos de vecinos y vecinas de Capilla del Monte y Charbonier, pero fue el incendio ocurrido el 11 de noviembre de ese año el que produjo un punto de inflexión.

“Hubo humo tóxico, de plásticos, de caucho, de todo lo que se tira acá”, recuerda César. El episodio ocurrió, unos días antes en que se inaugurara el tramo del Tren de las Sierras que llegaba a Capilla del Monte. La Asamblea decidió realizar una acción de protesta para visibilizar una situación que, según sus integrantes, permanecía fuera de la agenda pública.

“Cortamos media ruta ese día”-agrega Lucio, mientras recuerda que se concentraron varias personas de la zona en el ingreso al basural. “Principalmente de Charbonier y alrededores, Santa Isabel, Santa Inés, esta es una zona alta, donde los vientos generalmente van hacia el norte, o sea que la gente de Capilla no estaba ni enterada. Nosotros estábamos padeciendo los efectos totalmente nocivos para nuestra salud de los humos que generó ese incendio”.

La protesta también llegó al acto de inauguración del tren. Para César, aquella movilización permitió que el conflicto dejara de ser invisible. “Fue una movilización masiva para lo que son las movilizaciones en el pueblo y, por buenos ojos o por malos ojos, la gente terminó hablando de lo que realmente estaba pasando”, sostiene.

13 de noviembre de 2023, manifestación en la Estación de trenes de Capilla del Monte. Foto: Euge Marengo

Promesas de cierre, una causa judicial y un problema que afecta a toda la cuenca

Después del incendio de noviembre de 2023 llegaron las promesas oficiales. En febrero de 2024, recuerdan desde la Asamblea, el municipio anunció el cierre definitivo y la cicatrización del predio. También fue aprobado por unanimidad en el Concejo Deliberante el plan GIRSU -Gestión Integral de Residuos Sólidos Urbanos- que contemplaba cambios en el tratamiento de los residuos. Su aprobación estuvo acompañada por la creación de una tasa específica para sostener dicha gestión integral. Sin embargo, en el último presupuesto municipal, mientras se actualizaron otros valores, el monto de la tasa GIRSU no tuvo el mismo incremento. Una forma -quizás- de reconocer que no están ejecutando el plan.

La propia Ordenanza 3240/24 establece como objetivo general alcanzar una gestión ambientalmente racional de los residuos y plantea expresamente “el cierre y cicatrización del Basural a cielo abierto hoy existente”. También propone recuperar entre el 50% y el 75% de los materiales reciclables generados en Capilla del Monte e incorporar a la ciudad al mercado provincial de la economía circular.

“Pasaba la propaladora -retoma Lucio- anunciando el cierre definitivo y cicatrización del predio. Iban a encerrarlo, clausurar y cicatrizar el lugar”.

Algo similar ocurrió con los residuos de aparatos eléctricos y electrónicos. En el 2022 se anunció una iniciativa para abordar los materiales electrónicos en desuso, acompañada por una campaña pública. Después de aquel anuncio, no hubo continuidad visible del programa. A esto se suma que desde la renuncia de la subsecretaria de Ambiente de Capilla del Monte en 2025, Sofía Pedraza, no se ha designado una nueva persona al frente del área.

La recuperación de materiales tampoco es un problema nuevo. En 2021, la entonces subsecretaria de Ambiente había señalado que al basural debería llegar apenas el 20% de los residuos que ingresaban, porque el resto podía ser recuperado o valorizado.

Entre las iniciativas que quedaron a mitad de camino, aparece el anuncio de diciembre del año 2023 sobre un convenio con la Cooperativa de Trabajo Riveras del Suquía para fortalecer la clasificación y el reciclado de residuos. El Concejo Deliberante había autorizado su suscripción, pero Luis Grande, consultado sobre el tema, fue contundente: “No, ese convenio finalmente nunca se firmó”.

Por otra parte, el Plan GIRSU buscaba avanzar hacia una gestión diferente de los residuos, con separación en origen y recuperación de materiales. Pero la experiencia duró poco. Según Lucio, la separación domiciliaria y el traslado de los materiales a la planta de Capilla del Monte se sostuvieron apenas unos meses, en un contexto en el que la planta funcionaba con dificultades: “Funciona de una manera deficiente constantemente, no hay gente, ni las maquinarias necesarias”.

La discusión reapareció cuando, tiempo después, el Concejo Deliberante volvió a abordar el destino del predio con una propuesta que buscaba establecer allí un lugar de disposición final de residuos. Una vecina alertó a los integrantes de la Asamblea sobre esta situación y lograron presentarse en la sesión y frenar la votación.

“Nos autoconvocamos en el Concejo y no les quedó más remedio que volver a armar la ordenanza donde se volviera a poner que iba a haber un cierre y cicatrización del predio”, dice Lucio.

El conflicto llevó a la presentación judicial de 38 denuncias individuales presentadas por vecinos y vecinas por daños a la salud con náuseas, dolores de cabeza, vómitos, mareos, irritaciones, contra el municipio y el intendente. Las presentaciones fueron acompañadas por certificados médicos. La causa está radicada en la Fiscalía de Cosquín y actualmente enfrenta dificultades para avanzar debido a los recursos que requiere su sostenimiento.

Las denuncias se originaron ante las consecuencias del incendio de 2023, cuando el humo permaneció durante semanas sobre distintos barrios y parajes de Charbonier:

“Los vientos son predominantemente del sur y el humo siempre termina yendo desde el norte y como baja por la topografía misma, se generó en ese incendio del 2023 unos por lo menos 45 días de una nube densa sobre el barrio de Santa Isabel”, dice César. La nube de humo alcanzó también a Río Seco y Santa Inés. “Esa nube densa de plástico o caucho quemado fue lo que terminó generando estos problemas a la salud, todos los certificados que acompañaban las denuncias se hicieron en el Centro de Salud de Charbonnier”.

A su vez, “cuando la gente quería ir a Capilla para ver un médico por el estado en que se encontraba, desde el municipio prohibían a las personas acceder a ese certificado de salud”, agrega Lucio.

Una problemática sin fronteras

Montañas muertas se estiran y crecen entre plásticos, bolsas, comida y colchones. Hay un paisaje que desorienta al invierno. Debajo de un cielo incandescente, los jotes sobrevuelan al asecho de algo de esa muerte que habita en este gran tacho de basura de la ciudad.

“Más allá de la contaminación, está el riesgo de incendio constante”, dice César, y recuerda que en 2018 otro incendio se salió de control y avanzó hacia el norte, cruzando la Ruta 38.

A este contexto, se suma que el río Dolores está a 100 metros hacia el oeste, y desemboca en la cuenca de San Marcos. “Esto es un foco de infección, y contaminación de todo tipo, del suelo, porque acá es un suelo rocoso esto drena directamente, no tiene la capacidad de absorber la piedra, los lixiviados cuando llueve directamente van drenando y van escurriendo hacia el río”, explica César. Todo este cuadro también impacta en la fauna comiendo plástico: “y toda la cadena trófica de lo que implica para los animales silvestres  comer esta basura”.

En Argentina se estima que existen alrededor de 5.000 sitios de disposición final irregulares, que ocupan unas 8.600 hectáreas, según informan desde el propio sitio de la Secretaría de Ambiente, Turismo y Deporte de la Nación. El país genera aproximadamente 1,15 kilos de residuos por habitante por día, cerca de 45.000 toneladas diarias en total.

En la provincia de Córdoba, la persistencia de estos sitios también entra en tensión con la propia legislación provincial. La Ley 9088, sancionada en 2003 y actualmente vigente, regula la gestión de los residuos sólidos urbanos y comprende su generación, transporte, tratamiento, eliminación y disposición final.

Sin embargo, la cercanía de basurales como el de Capilla del Monte, con poblaciones y cursos de agua, persiste en medio de un contexto ambiental que incrementa la recurrencia de los incendios.

De Capilla a Cruz del Eje: la basura como problema regional

Durante una etapa del proceso de erradicación del basural, parte de los residuos fue trasladada hasta Cosquín, a casi 60 kilómetros del lugar de disposición. El traslado se realizaba en camiones, con una capacidad aproximada de 12 metros cúbicos. Fue una alternativa cara desde el comienzo y, con el incremento del precio de los combustibles, terminó abandonándose.

Para los integrantes de la Asamblea, el conflicto no puede pensarse solamente como un problema entre Capilla del Monte y Charbonier.

“Toda la Cuenca Norte se ve afectada”, dice Lucio, y menciona a las distintas localidades -La Cumbre, Los Cocos, San Marcos y Cruz del Eje- como parte de un territorio atravesado por la problemática de los residuos.

El problema se vuelve más evidente cuando aparece la discusión sobre dónde llevar la basura si se cierra el predio de Capilla. Existió un proyecto para homologar un vertedero en Cruz del Eje y convertir a esa ciudad en receptora de los residuos del corredor de Punilla Norte. La resistencia vecinal, recuerda Lucio, consiguió frenar esa posibilidad: “Me parece de terror porque habría que empezar realmente a plantear gestiones serias con algo tan serio y hacerse cargo”.

Cerrar un basural no significa resolver el problema de la basura si el modelo consiste simplemente en trasladarla a otro municipio. A nivel nacional, incluso las políticas públicas destinadas a erradicar basurales plantean que el cierre debe estar acompañado por infraestructura para el tratamiento de los residuos, separación en origen, reciclado, valorización y fortalecimiento del trabajo de recuperadores.

En Capilla del Monte, la discusión se vuelve todavía más compleja: ingresan alrededor de 30 toneladas diarias de residuos fuera de temporada, una cantidad que se incrementa durante los períodos turísticos.

Basura: mezcla de elementos indeseados que se sacan a la puerta de las casas, para que no vuelvan nunca más. Hojas de escuela, con garabatos y cuentas. Juguetes, un termo eléctrico, una pileta de lona, telgopor, alambre, cartón, un cesto roto dentro de otro, una verdadera mamuschka de desechos.

“En temporada esa cantidad obviamente se multiplica”, señala Lucio. Y vuelve a poner el foco en la necesidad de discutir no sólo dónde se deposita la basura, sino qué modelo de gestión se sostiene. En ese marco, el crecimiento del volumen de residuos está relacionado también con el crecimiento poblacional y con los hábitos de consumo: “Vivimos en este sistema de consumismo y de capitalismo donde la lógica del descarte y el consumo constante es parte de nuestros hábitos de vida”, agrega César.

Otra salida ¿es posible?

“Buscamos aluminio o cobre”, cuenta una de las mujeres, parada en medio de la montaña de residuos. “El kilo de aluminio lo pagan entre 700 y 1000 pesos”, agrega su compañero. Son tres vecinos y vecinas que ingresan diariamente al predio en busca de metales que puedan vender. Pero cada vez encuentran menos. Recuperar un material aprovechable se vuelve una tarea difícil y riesgosa.

La escena expone las consecuencias de una gestión de residuos que no contempla adecuadamente la separación en origen. Sin embargo, desde el año 2019, el predio presenta una mayor organización por sectores: ramas, cubiertas y otros materiales se concentran en distintos espacios y se han establecido cortafuegos.

A pesar de que bomberos y personas vinculadas al manejo del lugar señalen que el basural está más ordenado que antes, el problema de fondo radica en que el sitio continúa funcionando como un lugar de disposición final.

En este sentido, la Asamblea por el cierre al basural Ilegal comenzó a trabajar en una alternativa concreta: separar los residuos en origen. La propuesta surgió junto con la Cooperativa de Carreros de Cruz del Eje y se desarrolló inicialmente en Charbonier. La idea partía de una premisa sencilla: si los materiales están bien separados, dejan de ser considerados simplemente basura y pueden volver al circuito productivo, y constituir una fuente de trabajo y de recursos para quienes viven de esa actividad.

La organización instaló un punto verde en la Minga Multiespacio, sobre la Ruta 38, con separación de metales, vidrios y plásticos. Los materiales eran posteriormente trasladados a Cruz del Eje para su procesamiento. La experiencia logró resultados concretos. Cada quince días se recuperaban varios bolsones de botellas plásticas. A partir de esa experiencia, la comuna de Charbonier instaló otros dos puntos verdes, en Santa Isabel y Santa Inés.

Pero, la situación que atraviesa hoy el país tiene su impacto en las economías regionales, y en este caso, la caída del precio del cartón y de los plásticos, junto al aumento del combustible hicieron que el traslado hasta Cruz del Eje dejara de resultar económicamente viable para los carreros.

“El aumento del combustible hizo que sea muy difícil para los carreros hacer 60 kilómetros entre ida y vuelta para poder buscar ese material”, explica César.

Los otros puntos verdes también terminaron siendo levantados. Según los integrantes de la Asamblea, no hubo suficiente acompañamiento en materia de educación ambiental, difusión e información para que los vecinos y vecinas supieran cómo y cuándo utilizarlos. “Terminó convirtiéndose en unos pequeños basurales donde antes no había”, cuenta César.

Actualmente permanece el punto verde de La Minga, que logró articular con el municipio el retiro de los materiales y su traslado a la planta de separación de Capilla del Monte.

Un conflicto que sigue abierto

Más de cuatro décadas después de su instalación, el basural continúa siendo parte del paisaje cotidiano de Capilla del Monte y Charbonier. Para la Asamblea, justamente allí reside uno de los mayores peligros: que la permanencia del problema termine convirtiéndolo en algo inevitable.

“Realmente es un drama ambiental”, dice César. El problema, como se expresó, incluye la contaminación del suelo, del agua y del aire, el riesgo de incendio y el impacto sobre la fauna.

La situación de este territorio vuelve a poner en discusión un problema que atraviesa a todo el país. Los aproximadamente 5.000 basurales a cielo abierto identificados oficialmente, muestran que la disposición indiscriminada de residuos no constituye una excepción sino una modalidad extendida de gestión.

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Dejar el lugar, es irse de aquello que también dejamos. Los rastros sombríos de lo que también somos. Nos llevamos el color de las cosas cuando se marchitan. El olor que nos habita por un tiempo más. Llegamos a la salida y el portón sigue abierto, como cuando entramos. Un auto de la Guardia local de la Municipalidad de Capilla del Monte, está estacionado. Afuera el secretario de gobierno, -Luis Grande- indaga y conversa sobre lo que hacíamos. Dejar el lugar, es la pregunta y el registro de lo que no se quiere ver, ni resolver.


*Fotos: Eugenia Marengo/Aéreas: Agustín Fontaine

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