«No es solamente la lucha cultural, no es solamente volver a poner el debate en lo que venimos poniendo en debate más de 200 años, sino que además tenemos un Estado que nos ataca». La frase de Karina Lucero condensa el diagnóstico que la referenta del Centro de Protección Familiar de La Falda sostiene ante el escenario actual de las violencias por motivos de género.
En la previa del conversatorio «Mujeres libres de violencia tejiendo redes de apoyo» que se realizará este jueves, la expositora trazó un panorama crítico sobre el rol estatal. Los números la acompañan: 127 femicidios y 483 intentos en lo que va del año en Argentina, además de 92 niños y niñas que han quedado sin madre. «Hay algo que está fallando todavía», sentenció.
La actividad surgió a partir de una invitación del espacio Desde Adentro, integrado por estudiantes de gestión sociocultural junto a la Comisión de Género del Caraffa de Cosquín. La conmoción por el femicidio de Agostina en el marco del 3J fue el disparador que llevó a estas organizaciones a convocar voces comunitarias y estatales para abordar la prevención y sensibilización sobre la violencia de género.
Sobre la responsabilidad del Estado, Lucero fue precisa. «Nosotros tenemos el marco jurídico, podemos acompañar, podemos orientar a las vecinas, pero en realidad el Estado es quien tiene que dar la respuesta, cosa que no está pudiendo dar», afirmó. Y agregó un dato clave: en la provincia de Córdoba, el ministerio de la Mujer pasó a ser secretaría, lo que implica una pérdida de recursos y una reducción de profesionales en los equipos territoriales.
La referenta vinculó el incremento de las agresiones con el cambio de gobierno nacional y la instalación de un relato que considera abiertamente misógino. «Ha instalado una narrativa en donde las violencias se han reproducido tremendamente», sostuvo, y cuestionó que el propio Estado no solo ajusta los presupuestos sino que además promueve discursos de odio. «Cuando es el propio Estado el que hace esto, es inevitable que pase a nivel social», argumentó.
Respecto a las dificultades para sostener el diálogo en la comunidad, Lucero observó un cambio profundo en las formas de comunicación. «Hoy en día no se puede debatir, no se puede dialogar», expresó. «Cada vez que ponemos una postura somos atacadas, como si no tuviéramos derecho a pensar diferente». En su análisis, las estrategias para desacreditar a las mujeres se renuevan constantemente: del síndrome de alienación parental a la teoría de la falsa denuncia, los mecanismos son los mismos pero con distintos ropajes.
También abordó las contradicciones que enfrentan las organizaciones feministas en el territorio. Muchas mujeres que rechazan el feminismo luego recurren a estos espacios ante situaciones de desalojo, falta de cuota alimentaria o ausencia de abogados gratuitos. «Por un lado me dicen no quiero que me representen y por otro lado poné la cara y el cuerpo por mí», describió Lucero, y reconoció el agotamiento que produce esta doble exigencia.
El conversatorio se plantea entonces como una oportunidad para actualizar estas discusiones y fortalecer los vínculos comunitarios. La actividad contará con la participación de Lucero junto a Gabriela Calderón y Paula Rodríguez, y buscará generar herramientas concretas para la prevención y sensibilización. La entrada será libre y gratuita.
Para Lucero, el caso de Agostina generó una conmoción similar a la del femicidio de Chiara Páez en 2015, pero advirtió que el debate político no se traduce en medidas efectivas. «Todos discuten, todos se echan la culpa, pero acá hay situaciones que tienen que ver con salud, lo económico y la justicia», señaló, y ejemplificó con el reciente femicidio en Morteros, donde el agresor ya tenía denuncias penales por violencia de género con una pareja anterior.
«Desde los espacios comunitarios las mujeres hemos ido aprendiendo que necesitamos estar acompañadas con vecinas, con organizaciones», afirmó. Sin embargo, el acompañamiento encuentra límites en la falta de turnos en salud, la demora judicial y la ausencia de recursos estatales. «Chocamos con los que tienen que dar la respuesta», resumió, y reivindicó el rol de las redes de apoyo como una herramienta central para la supervivencia.
El encuentro será este jueves 2 de julio a las 19 horas en Catamarca 325, Cosquín. Organizan Desde Adentro Voces y Prácticas Culturales y la Comisión de Género del Caraffa.
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