Lo que estaba planeado como una fiesta popular, gastronómica y familiar terminó de la peor manera. En Avellaneda, Buenos Aires, la emblemática parrilla «El Tano» organizó un mega-evento para festejar sus 25 años de trayectoria cocinando «el sánguche de matambre a la pizza más grande del mundo»: una mole de 750 metros de largo. Sin embargo, la logística falló, los tiempos se estiraron más de la cuenta y la jornada terminó en un verdadero caos.

La propuesta era ambiciosa: unir con la preparación la puerta del tradicional local, ubicado en Avenida Mitre 5735, con el Parque Domínico. El evento contaba con el apoyo del municipio local y el propio intendente, Jorge Ferraresi, había promocionado en sus redes la invitación para probar un sándwich de «7 cuadras».

La convocatoria para los vecinos estaba pautada para las 11 de la mañana. No obstante, las complicaciones no tardaron en aparecer. Según relataron decenas de asistentes en la red social X (antes Twitter), el proceso de elaboración sufrió demoras imprevistas. «Recién a la 1 de la tarde empezaron a cortar el pan y a las 2 llegaban los camiones donde cocinaban en las parrillas al aire libre»; se quejó una usuaria. Otra vecina aseguró haber esperado hasta las 16 horas sin que los parrilleros lograran terminar la cocción total. Con el correr de las horas, el hambre y el cansancio transformaron la expectativa en tensión.

Finalmente, la paciencia de la multitud se agotó. Cuando el sándwich gigante por fin fue cortado en porciones individuales sobre las mesas, la organización se vio completamente desbordada. Decenas de personas derribaron las vallas de seguridad y se abalanzaron sobre la comida en un sálvese quien pueda.

Los videos que se viralizaron rápidamente en las redes sociales muestran escenas impactantes: una marea humana empujando, gritando y estirando los brazos para quedarse con una o varias porciones de matambre, mientras los trabajadores miraban con impotencia. En medio del tumulto, muchos se llevaron el almuerzo-cena a sus casas, pero una gran cantidad de familias regresó con las manos vacías tras horas de fila.

Tras los incidentes, los dueños de la parrilla publicaron un comunicado en sus redes sociales donde expresaron una mezcla de agradecimiento y profunda tristeza por el desenlace del evento que les llevó meses de planificación. «Durante casi toda la jornada se vivió un clima increíble, con familias, amigos y muchísima gente apoyando con respeto y buena energía»; destacaron. Sin embargo, lamentaron el descontrol del cierre: «Muchas personas comenzaron a descontrolarse, subiéndose, empujando y metiéndose directamente a sacar y comer el sándwich antes de que pudiera entregarse de manera organizada».

Para finalizar, los organizadores dejaron en claro su frustración con el comportamiento de una parte del público: «Detrás de este evento hubo meses de trabajo y esfuerzo. Que terminara así realmente quedó feo y fue una falta de respeto para quienes estaban trabajando y también para la gente que esperaba tranquila».