La selección de Noruega regresó a casa después de firmar una campaña histórica en el Mundial 2026 y fue recibida por una multitud cercana a las 90.000 personas en las calles de Oslo, donde los jugadores protagonizaron junto a los hinchas uno de los momentos más emocionantes del año.
El momento más impactante de la celebración fue cuando decenas de miles de personas realizaron al unísono el ya famoso "Viking Row" (remo vikingo), un movimiento sincronizado que imita el remar de los antiguos barcos vikingos y que se transformó en la gran postal de Noruega durante la Copa del Mundo. Las imágenes se hicieron virales en las redes sociales y son consideradas por muchos aficionados como uno de los videos deportivos del año.
Un símbolo que conquistó el Mundial
El "Viking Row" nació entre los aficionados noruegos y explotó durante el Mundial 2026. La celebración consiste en que miles de personas se sientan y simulan remar al ritmo de un tambor mientras corean "Ro", la palabra noruega para "remar". La tradición fue adoptada también por los futbolistas, encabezados por Erling Haaland y Martin Ødegaard, quienes comenzaron a realizarla después de cada victoria.
Durante el torneo, la celebración no solo se vio en los estadios. También apareció en Times Square, estaciones de metro de Nueva York, playas de Miami y distintos puntos de Estados Unidos, convirtiéndose en uno de los fenómenos más llamativos de la Copa del Mundo.
Una campaña que devolvió la ilusión
Noruega disputó su primer Mundial desde Francia 1998 y sorprendió al planeta al alcanzar los cuartos de final. En el camino eliminó a Costa de Marfil y dio el gran golpe al dejar afuera a Brasil antes de caer ajustadamente frente a Inglaterra por 2-1 en tiempo suplementario. Más allá de la eliminación, el equipo dirigido por Ståle Solbakken fue recibido como un auténtico campeón por su gente.
La recepción culminó con un acto en el Palacio Real, donde la familia real noruega saludó a los jugadores antes de que estos compartieran el inolvidable "remo vikingo" con una multitud que convirtió el centro de Oslo en una verdadera fiesta nacional.
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