Uno de cada cuatro adolescentes argentinos ya apostó al menos una vez, y la edad de inicio ronda los 13 años, según un estudio de UNICEF. Mientras clubes y ligas se financian con sponsors de casas de juego, la regulación nacional sigue fragmentada y las advertencias sobre ludopatía infantil se multiplican sin una respuesta integral.
El partido ya no empieza cuando rueda la pelota. Para miles de chicos y adolescentes, empieza antes: con una cuota prometedora en el celular, un influencer que festeja una apuesta ganada, una publicidad durante la transmisión o el logo de una casa de juego estampado en la camiseta de un club. La apuesta online se instaló en el corazón de la experiencia deportiva y convirtió al fútbol —una pasión popular— en una puerta de entrada permanente al juego de azar. El dato que debería encender todas las alarmas es contundente: uno de cada cuatro adolescentes argentinos apostó al menos una vez, y la edad de inicio ronda los 13 años, según el estudio Kids Online Argentina difundido por UNICEF.
No se trata de una decisión individual ni de un problema doméstico: es un fenómeno de salud mental, educación, economía familiar y protección de derechos de niños, niñas y adolescentes. Sin embargo, mientras la evidencia crece, la industria de las apuestas sigue expandiéndose. La contradicción es visible: mientras se discuten leyes para restringir el patrocinio y la publicidad, clubes argentinos reciben ingresos millonarios de empresas de juego. Independiente incorporó a Sportsbet en su camiseta, con un contrato superior al de su patrocinador anterior, y la AFA también sumó como sponsor a una gran plataforma internacional de apuestas. El mensaje comercial gana legitimidad cultural: la empresa deja de ser una plataforma que lucra con el riesgo y pasa a presentarse como parte natural de la fiesta del fútbol.
La respuesta estatal existe, pero es desigual y todavía insuficiente. La provincia de Buenos Aires puso en marcha el Plan Integral de Prevención y Tratamiento de la Ludopatía Adolescente, bajo la campaña “No Da”, con medidas que incluyen el bloqueo de IP de plataformas de juego en escuelas, capacitación docente y campañas de concientización. En Córdoba, el marco legal provincial fue reforzado con un programa de prevención, pero el desafío será traducir esa norma en presencia territorial y atención clínica. A nivel nacional, el proyecto de ley de prevención de la ludopatía, que obtuvo media sanción en Diputados en 2024 y contempla restricciones a la publicidad y el patrocinio, aún espera su tratamiento definitivo.
Organizaciones como UNICEF y la Pastoral Social de Córdoba vienen alertando sobre la dificultad de los adolescentes para distinguir entre sitios legales e ilegales —se estima que entre el 51% y el 66% no logra hacerlo— y reclamando restricciones más firmes. Pero la industria avanza más rápido que el Estado. Las aplicaciones de apuestas combinan tecnología, publicidad agresiva y baja percepción de riesgo, y convierten la promesa de dinero fácil en una trampa para hogares ya golpeados por la incertidumbre económica. Proteger a la sociedad, y en especial a los chicos, no es censura: es una responsabilidad colectiva que exige regulación efectiva, prevención en las escuelas y un debate profundo sobre el rol del deporte como vidriera de un negocio que encuentra en la vulnerabilidad su principal fuente de ingresos.
Redacción Gonzalo Goro – Diario de Punilla
Fuente: UNICEF Argentina / proyecto de ley nacional / planes provinciales de prevención