El consumo de carne de pollo alcanza niveles récord en el país impulsado por la crisis económica actual. Sin embargo, detrás del precio accesible de las góndolas se esconde un modelo productivo que traslada sus verdaderos costos al medio ambiente y a la salud pública. Frente a este panorama, organizaciones de la Agricultura Familiar, Campesina e Indígena (AFCI) de Córdoba impulsan alternativas para alcanzar una verdadera soberanía alimentaria, genética y tecnológica.
Desde CDM Noticias dialogamos con Rocío Berazategui, ingeniera agrónoma comprometida con el desarrollo de la avicultura agroecológica, quien problematizó el origen de la producción industrial y detalló las alternativas que vienen construyendo a campo.
«El consumo de carne de pollo está más alto debido a la crisis que estamos viviendo, pero hay que problematizar de dónde viene, cómo se produce y cómo están esos animales en esos sistemas»
Uno de los pilares del bienestar animal es que la especie pueda expresar sus comportamientos naturales, algo imposible en la avicultura intensiva:
«En gallinas en jaulas que nunca conocieron lo que es un piso, encerradas de a seis, no pueden expresar su especie. Por lo cual, cada vez la cantidad de antibióticos que se les debe dar es mayor debido al nivel de estrés que tienen. Está muy lejano de ser un alimento saludable lo que se consume».
— Rocío, ingeniera agrónoma.
El modelo agroindustrial «externaliza» estos costos: no se pagan en el ticket del supermercado, pero se pagan en la contaminación del agua y suelos por guano con residuos de antibióticos, en la proliferación de bacterias resistentes y en la pérdida de soberanía nacional.
Respecto al desafío genético, Rocío explica: «Los abuelos del pollo doble pechuga son todos de genética de Estados Unidos. Si el productor se corre de ese paquete (alimento balanceado industrial, antibióticos y genética comprada), los resultados son muy diferentes porque es una ave diseñada para funcionar únicamente dentro de ese esquema. Lo que venimos trabajando es desarrollar una genética de razas pesadas provenientes de otras razas, entre ellas la criolla, para generar una alternativa que tenga buen pesaje y que nos dé independencia».
En cuanto a la nutrición, el equipo ha desarrollado fórmulas innovadoras: «Reemplazamos el núcleo vitamínico mineral de las corporaciones por probióticos desarrollados a partir de microorganismos de nuestro propio monte, lo que permite al animal asimilar mucho mejor el alimento». Rocío reconoce que la transición es gradual: «Para el balance necesitamos maíz y soja del agronegocio; es una pata que falta caminar, pero reemplazar los insumos industriales por locales ya es un avance enorme hacia la sustentabilidad».
La red comunitaria: de la incubadora al plato
Esta propuesta no es una utopía individual, sino una construcción colectiva entre la Comunidad, Trabajo y Organización (CTO) y la organización AlterMundi. A través de la tecnología LibreIncu, ya se han puesto a funcionar incubadoras en cooperativas cordobesas con capacidad de incubación de 2.000 huevos por ciclo y una planta de alimento con capacidad de 2.000 kg por hora.
En las últimas pruebas a campo, 7 cooperativas incubaron más de 2.500 huevos logrando un 86% de eclosión, superando el promedio de las incubadoras comerciales y ganando la declaración de Interés Legislativo por la Legislatura de Córdoba.
«Nuestra producción hoy puede ser un poco más cara para el consumidor, pero se hace cargo de los costos reales en lugar de esconderlos: los elimina y genera sustentabilidad ambiental. Cada insumo que reemplazamos de la agroindustria reduce la dependencia y consolida nuestra soberanía alimentaria», concluyen desde el equipo.
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