«Cuando yo me muera, no quiero llanto ni pena», cantó Ruben Rada. Y Uruguay, fiel a su mandato, lo despidió este jueves con tambores, bailes y candombe en la calle Isla de Flores. El músico, de 83 años, falleció por una neumonía bilateral, pero su voz de conciencia social, su amor por la gente y su mezcla única de ritmos latinos y universales quedan grabados en el alma de un país que decreta duelo oficial y lo vela en el Palacio Legislativo.

No hubo caras largas ni silencios pesados. Hubo tambores, bailes y canciones, porque despedir a Rada con tristeza sería ir contra todo lo que él enseñó. La gente llevó parlantes, llevó su mejor energía y, sobre todo, llevó el recuerdo de un hombre que convirtió la música en un abrazo. «Es el referente más importante de la música uruguaya. Transformó el candombe con jazz. Es el mejor músico uruguayo», decía entre lágrimas un hombre que, como tantos, sintió que parte de su vida se iba con él.

Porque la voz de Rada no era solo una voz: era la conciencia social de un país, el amor por la gente, la mezcla perfecta de lo uruguayo y lo universal. Su candombe no conocía fronteras, su jazz hablaba en español y su alma latina se sentía en cada compás. Era uruguayo, sí, pero también era bien de mundo, del mundo latino que lleva el ritmo en la sangre y la lucha en el corazón.

El adiós oficial y el calor popular

El reconocimiento fue total. El Senado interrumpió su sesión para un minuto de silencio. El presidente Yamandú Orsi decretó duelo oficial, con las banderas a media asta, y dispuso que su velatorio se realice en el Salón de los Pasos Perdidos del Palacio Legislativo, un honor reservado para los grandes de la patria. Pero el verdadero homenaje, el que le habría gustado a Rada, estaba en la calle, en el abrazo popular, en la emoción a flor de piel.

Orsi lo resumió con una verdad que muchos sintieron: «Los uruguayos acostumbraron su oído escuchando a Ruben Rada. Era natural y lógico que siempre estuviera con nosotros. Cuando llega el desenlace, ahí recién te cae la ficha».

Más que un músico: un abrazo en tiempos difíciles

El presidente recordó algo que pocos saben: Rada fue uno de los que estuvo más cerca de José Mujica en su etapa final contra el cáncer. Hay una imagen que se hizo viral, que dice todo sin palabras: el expresidente bailando al ritmo de Rada en un acto del Frente Amplio. «Siempre tenía esa vocación de levantar los ánimos. El viejo disfrutó mucho de su compañía. Era muy cercano, muy cálido», contó Orsi. Esa era su magia: estar ahí, en los momentos duros, con un ritmo, un candombe y una sonrisa.

El «Negro» Rada no se fue: se hizo ritmo. Y el ritmo, como la vida, sigue.

Su legado inmenso

Hasta el último momento, Rada estaba lleno de proyectos. Se había animado al streaming, planeaba el regreso de la banda Tótem para octubre y ya había empezado a ensayar. «Amigazos», decía, era lo que se había hecho a lo largo de la vida. Y vaya que los tuvo.

Cuando le preguntaron, en 2021, qué canción le regalaría a su país, respondió con la humildad y la grandeza de siempre: «Ya la hice: ‘Hoy puedo ver todo lo bueno que hay aquí y admirar las tradiciones que hacen grande a mi país. Mi país’. Esa es la canción que creo que le quiero dejar al Uruguay».

Y vaya que se la dejó, amigo. Se la dejó en forma de ritmo, de memoria, de conciencia. Su voz ya no estará físicamente, pero su sello, ese que mezclaba la calle con la luna, el tambor con el cielo, la lucha con la fiesta, quedó grabado para siempre en el alma de un pueblo que hoy, más que llorarlo, lo celebra con tambores.

Redacción Gonzalo Goro | Diario de Punilla Fuente: Infobae