El legislador departamental del Frente Cívico analizó en el podcast Una de Cal la realidad política de Carlos Paz, el departamento Punilla y Córdoba.
Balance de gestión y el impacto del ajuste
—Lleva dos años y medio como legislador representando a los cordobeses, especialmente a los de Punilla. ¿Cómo ha sido este período y cómo ve la realidad del departamento?
—Soy un político de muchos años, con prácticas tradicionales basadas en el contacto directo con la sociedad, aunque me cuesta un poco más aggiornarme a las nuevas tecnologías. En lo político, no he tenido situaciones traumáticas, pero estamos en una época de un fuerte ajuste por parte de los gobiernos nacional, provincial y local que pone a muchos sectores en condiciones económicas muy difíciles.
—¿Cómo afecta puntualmente esa situación a Punilla?
—Es un departamento muy impactado por las políticas actuales. Dependiendo de la localidad, entre el 30% y el 40% de su PBI está vinculado al turismo interno, que es uno de los sectores más golpeados en las últimas temporadas. Además, muchos municipios tienen sus números en rojo porque estaban acostumbrados a ser subsidiados para cubrir sus gastos, y eso se terminó. Con Milei, todo lo que está por fuera de la coparticipación legal dejó de existir. El problema es que varias localidades y la Provincia no ajustaron sus presupuestos; en muchos casos siguen con la fiesta económica.
La ruptura de Juntos por el Cambio y la interna peronista
—¿Cómo quedó conformado su espacio tras los cambios políticos nacionales?
—Juntos por el Cambio implosionó a partir de la llegada de Milei y la crisis con Macri. Nosotros hoy tenemos el bloque propio del Frente Cívico.
—¿Y cómo es su relación con los intendentes de la región?
—No es general. Con algunos tengo mejor relación y con otros muy poca. Con algunos peronistas me llevo bien y con otros ni fu ni fa. Lo de la Comunidad Regional Punilla desnudó una crisis interna del peronismo. Había un acuerdo de alternancia con los radicales que no cumplieron, y además se sumó el Frente Cívico como nuevo actor. La interna peronista implosionó, se corrió el intendente de Cosquín y probablemente sigan otros. Martín Llaryora prometió bajar recursos a la comunidad regional y nunca lo hizo, ni lo va a hacer, porque la Provincia está en una crisis económica de magnitud.
El panorama provincial y la alianza con La Libertad Avanza
—A nivel provincial se habla del armado de un frente que incluya a Luis Juez, al radicalismo y a La Libertad Avanza. ¿Cree que va a progresar?
—Es mi opinión personal: creo que la oposición va a estar unida para enfrentar a un gobierno mediocre como el de Llaryora. Ya estuvimos a solo 2,5 puntos de ganar la provincia en la elección pasada, donde ganamos 13 departamentos y fuimos mayoría en la Legislatura y en el Tribunal de Cuentas. Va a primar la sensatez y se va a construir una alternativa seria. Hoy la provincia es un escándalo tras otro en seguridad, educación y salud pública. Para ganarle al oficialismo se necesita una construcción colectiva donde nadie priorice lo personal.
El escenario en Villa Carlos Paz: la hegemonía de Esteban Avilés
—¿Cómo analiza la situación política local en Carlos Paz?
—Con el gobierno municipal de Esteban Avilés la relación es inexistente. Es una gestión aislada de la sociedad y de toda la política provincial, con un nivel de egocentrismo sorprendente. Avilés tuvo aciertos en su momento, pero su gran desacierto fue poner a la ciudad en un «congelador», imponiendo una sola voz y sin caminos alternativos. Tiene niveles de inteligencia sobre el abuso del poder.
—Sin embargo, Avilés se muestra muy crítico con el gobierno provincial…
—Están peleados para la galería. En realidad tienen una sociedad donde Avilés es el socio mayoritario en Carlos Paz. Ningún dirigente de Llaryora sale a cuestionar al gobierno municipal. Además, Carlos Paz recibió 6.000 millones de pesos de la Provincia para el reasfalto de la avenida Cárcano y el acueducto; está entre las ciudades que más fondos recibió. Avilés es muy vivo: cuando la Provincia tiene un problema, él se corre. En el gobierno provincial le tienen terror, por eso aceptan que les diga cualquier cosa.
—¿Qué estrategia prevé que use el oficialismo local para retener el poder?
—Es el ABC de la política: Avilés va a armar tres o cuatro listas colectoras para dividir a la oposición. Eso no debería sorprender a nadie. El tipo es un pícaro, tiene un máster en simpatía y le manda embajadores a todos: a Llaryora, al kirchnerismo, a Juez y a La Libertad Avanza. A nivel provincial buscan ganadores y, como él lo es, más de uno se va a comer el amague. Ya se lo comió Llaryora. Avilés te negocia, pero el día de la elección provincial se va a ir a pescar a Capilla del Monte.
—¿Y por qué le cuesta tanto a la oposición consolidarse como alternativa en la ciudad?
—Hay oposición, pero está fragmentada y sin un proyecto común. La mayor dificultad es que todavía no encontramos a un hombre o una mujer que tenga captación electoral. No alcanza con hablar lindo o hacer proyectos; necesitás a alguien en quien la sociedad crea, porque la política es subjetividad. Esa figura todavía no apareció. El poder absoluto de Avilés va a entrar en crisis en algún momento por las tensiones internas y las disputas propias del poder dentro del municipio, pero la oposición debe ser capaz de encontrar puntos en común para capitalizarlo.
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