Tras meses de rehabilitación en el Tatú Carreta, habrá una segunda oportunidad para el rey de las cumbres. En mayo pasado, vecinos de la localidad de La Paz advirtieron una escena que encendió todas las alarmas: un cóndor andino yacía inmóvil al costado de la Ruta 14, completamente debilitado e incapaz de levantar vuelo. Hoy, cinco meses después y tras un exhaustivo proceso de recuperación, el ave está lista para regresar a su hábitat natural en un hito científico clave para la fauna de la provincia.
El ejemplar, bautizado como «Daniel» por iniciativa de los alumnos de la Escuela Ingeniero Arturo Pagliari en homenaje a un querido exdirector recién jubilado, protagonizará una liberación inédita: será el primer macho monitoreado con tecnología satelital en Córdoba, sumándose a una selecta lista de cinco hembras (Carlita, Pocha, Rosita, Pacha y Taba) cuyos movimientos ya son seguidos desde el espacio.
De la banquina a la jaula de vuelo
Cuando el personal de Policía Ambiental y la policía local lo trasladaron a la Reserva Tatú Carreta, en Casa Grande, el pronóstico era incierto. Sin embargo, los estudios veterinarios arrojaron una noticia fundamental: no registraba intoxicación por plomo, el veneno silencioso que suele ser fatal para los carroñeros silvestres.
Su único y grave obstáculo era una severa desnutrición. «Llegó con 4,5 kilos y ahora ya pesa 10 kilos, su valor óptimo en la naturaleza», precisó Javier Álvarez, responsable del centro de rescate.
Para lograr el alta, el ejemplar transitó un recinto cerrado al público donde se reforzó su dieta con alimento natural, se ejercitó en una jaula voladora de gran porte para reconstruir masa muscular en las alas y se le colocó un microchip subcutáneo de identificación biológica.
Tecnología argentina y ciencia global
En los próximos días, antes de abrir las puertas de su recinto en las Altas Cumbres, «Daniel» portará en su espalda un prototipo satelital de industria nacional, donado por el Ecoparque de Buenos Aires. El dispositivo se ajusta con una cinta de teflón hipoalergénica que no compromete su aerodinámica ni le genera molestias, se alimenta mediante un pequeño panel solar y cuenta con un sistema de desprendimiento automático previsto para 4 o 5 años.
La información satelital que transmita el ave alimentará un proyecto de investigación internacional integrado por el CONICET, la Universidad Nacional del Comahue (Bariloche), la Universidad de Konstanz (Alemania) y el Parque Nacional Quebrada del Condorito, donde habita una población estable de entre 50 y 100 individuos.