La historia de Agustina Garmendia es de esas que invitan a mirar la vida desde otro lugar. Tiene 30 años, nació con parálisis cerebral y desde hace un tiempo encontró en el running y el entrenamiento un espacio donde no existen límites, sino desafíos por cumplir.
Agustina nació en San Pedro (Buenos Aires) y a los 5 años se mudó junto a su familia a Villa Carlos Paz para encarar su rehabilitación en el Centro Rita Bianchi de Tanti. Cursó sus estudios en el colegio Dante Alighieri y actualmente trabaja en la Fábrica Punto Joven y en las instalaciones de un hotel. A los 15 años se cansó de los tratamientos médicos y decidió dejarlos.
Hace 3 años se presentó en un gimnasio y la rechazaron por su discapacidad. Sin embargo, esa respuesta, lejos de desanimarla, le dio un nuevo impulso y volvió a insistir hasta que comenzó a entrenar junto a Gabriel Páez, quien había realizado una orientación en neurociencia y neuro-entrenamiento durante su formación profesional.
Con el tiempo, comenzaron a construir un vínculo que fue mucho más allá del entrenamiento, una gran amistad. Junto a ellos, entrenan varios jóvenes de la ciudad que cobijaron a Agustina y la hicieron parte de sus vidas y sus rutinas de entrenamientos en la costa del lago San Roque.
«Muchas veces la discapacidad genera miedo porque es algo desconocido. Pero cuando uno conoce a la persona, se da cuenta de que es eso, una persona con sueños, objetivos y ganas de hacer cosas» explica Gabriel.
Para el entrenador, uno de los grandes desafíos está en cambiar la mirada: «No siempre hay gente preparada para abordar la discapacidad. A veces se piensa que porque alguien tiene una condición distinta hay que tratarlo diferente, hablarle como si fuera un niño o como si no entendiera. Y Agus entiende perfectamente. Hablamos de todo, me cuenta sus cosas, entrenamos y compartimos como con cualquier otra persona»
Con el paso del tiempo, Agustina empezó a animarse a nuevos desafíos. El más grande llegó cuando decidió participar en carreras. «Yo no corría, no caminaba bien. Pero decidí intentarlo»; recordó la joven deportista. Su primera carrera fue de dos kilómetros y, al cruzar la meta, la emoción fue imposible de contener.
«Me largué a llorar con mi compañero porque antes no podía hacer ni medio kilómetro», aseguró. Actualmente, Agustina tiene varias competencias en su haber y se prepara para nuevos desafíos. Incluso fue una de las primeras en anotarse cuando se abrieron las inscripciones para una nueva carrera en la ciudad de Córdoba y planea correr cinco kilómetros.
La historia de Agustina también empezó a inspirar a quienes la cruzan en la costanera. Con cada kilómetro recorrido, ella reafirma que el triunfo no está en llegar primero, sino en animarse a largar.