El crecimiento urbano obliga a animales autóctonos a utilizar corredores verdes para desplazarse. Del mito del «ataque» a las pautas fundamentales para ser buenos vecinos con los animales silvestres que se desplazan por los bordes de Córdoba buscando sobrevivir a la pérdida de su hábitat. Claves para comprender su presencia y aprender a convivir de forma responsable.
Moverse para sobrevivir: los corredores verdes dentro de la ciudad
En los barrios de la ciudad de Córdoba, es cada vez más común la presencia de zorros, comadrejas, murciélagos, cotorras, loras y tortugas, especialmente en zonas cercanas a espacios verdes. Un encuentro con un zorro gris cruzando la calle o una comadreja overa caminando por una tapia puede ser un momento reflexivo o aterrador para ambas partes. La primera reacción suele ser de sorpresa o incluso de alerta, para luego pensar que estos animales silvestres nos están invadiendo o que se escaparon de algún sitio donde deben estar lejos de nosotros. Conocerlos es el primer paso para una convivencia armoniosa, que no se convierta en un impacto que termine en una noticia trágica, que selle la suerte del más desprotegido.
La expansión de las ciudades divide y fragmenta los ecosistemas donde viven, cazan, se refugian y cuidan a sus crías los animales silvestres, y los obliga a desplazarse para poder realizar su rutina de existencia. Al igual que nosotros, los animales tienen un refugio donde se guarecen, pero realizan otras tareas de su vida lejos del mismo, en un territorio a veces muy amplio. Cuando en ese territorio se construyen casas y habitan humanos, se interrumpe y deben atravesarlo. Allí descubren que las ciudades ofrecen refugio y alimento constante, lo que hace que algunas aves y pequeños mamíferos se terminen adaptando a la vida urbana.
Ver un zorro gris, una lora o una comadreja overa no significa que estén «perdidos”, necesitados o con hambre, sino que compartimos un mismo territorio. No vienen a invadirnos. Nosotros nos expandimos hacia su hábitat, el lugar donde evolucionaron sus antepasados y que hoy tiene las condiciones para que desarrollen su vida. El crecimiento urbano de la ciudad de Córdoba sobre sus alrededores naturales, un monte con bosque nativo y algo de pajonal, denominado por los biólogos como el espinal, ha dejado un espacio reducido para la fauna autóctona. Ante esto, la fauna nativa tiene dos opciones: retroceder a lugares menos urbanizados (cada vez menos disponibles) o adaptarse a la vida en los bordes de la urbe, moviéndose por corredores biológicos.

Los corredores verdes son áreas con plantas y árboles que conectan espacios dentro de la ciudad, con poco tránsito de humanos. Por ejemplo, el canal Maestro une la Reserva San Martín, ubicada al noroeste de la ciudad, con el arroyo la Cañada al sudoeste de la ciudad. No siempre son parques o reservas, a veces son terrenos baldíos, construcciones abandonadas, bordes de vías del tren o de canales y desagües que tengan algo de tierra y vegetación con escasa intervención humana. Aves, comadrejas, culebras, zorros, entre otros, podrían cruzarse desde un lado al otro de la ciudad a través de estos corredores.
No es invasión, es sobrevivencia y mala adaptación
Cuando un animal carnívoro como un zorro, comadreja o lagarto overo; o un ave como loras, cotorras decide instalarse en un área periurbana, lo hace porque encuentra dos cosas que en el monte empiezan a faltar: refugio seguro y comida fácil.
Las bolsas de basura mal cerradas, el alimento de los perros y gatos en las veredas, y la abundancia de roedores convierten a nuestros barrios en un «tenedor libre» para especies oportunistas. Sin embargo, este cambio de entorno, de dieta y el abandono de conductas de caza les trae consecuencias graves para su salud.
Ya incorporamos al paisaje de los barrios la presencia ruidosa de las cotorras, que se amontonan donde encuentran comida fácil y árboles altos para sus nidos. Son aves nativas de Sudamérica que se han integrado al paisaje urbano, su gran aumento en número genera mucho ruido y problemas por el peso de sus grandes nidos comunes (a veces de más de 200 kilos) cuando caen. A veces arrastran otros habitantes de los árboles, como pichones de pájaros. Cuando veamos crías de pájaros que no vuelan, no debemos recogerlos y ponerlos en una caja para darles pan con leche de manera tierna y maternal. En la mayoría de los casos, no está abandonado, sus padres andan cerca alimentándolo.
Solo debemos intervenir si está en peligro inminente por la presencia de un perro o gato cerca, o en medio de una calle. Actuemos si presenta heridas o lesiones visibles. Si está a salvo, hay que dejarlo donde está o subirlo a la rama más cercana para ocultarlo hasta que lo vean sus padres.

Sarna en los zorros: la señal de un territorio en desequilibrio
Uno de los casos más evidentes y tristes que vemos en Córdoba es el de los zorros grises deambulando de día, desorientados y con partes del cuerpo con poco pelo. Muchos vecinos ven que están enfermos y están en lo cierto: sufren de sarna sarcóptica. Esta es una enfermedad producida por un parásito, el ácaro de la sarna Sarcopetes scabiei, que se aloja en las partes sin pelos del cuerpo de los perros, como la cabeza, el pecho, el abdomen, las oreja, es muy contagiosa y provoca lesiones urticantes que producen caída del pelo y pérdida de peso. Cuando el zorro toma contacto con un ácaro de la sarna en la ciudad, las hembras ponen huevos en su piel. Al eclosionar estas larvas, generan costras y una intensa picazón. Al rascarse el animal, se producen heridas e infecciones. El animal pierde peso muy rápido y se debilita.
Estudios científicos demuestran que la sarna no es letal por naturaleza en el monte, sino que se convierte en una epidemia cuando la fauna silvestre entra en contacto con perros domésticos no desparasitados o en situación de calle.
La presencia de zorros con sarna en la ciudad es un síntoma de la degradación del territorio compartido entre lo urbano y lo silvestre. No es que el zorro traiga la sarna a la ciudad, sino que él mismo es una víctima de la urbanización que invadió su lugar natural y, al desplazarse, queda expuesto a la falta de sanidad en mascotas domésticas como los perros, que les transmiten este parásito, afectando gravemente su salud. Controlar la sarna en nuestras mascotas y en los perros que habitan en nuestros barrios es el modo de cortar con este parásito que contagia a humanos.

Pautas para ser buenos vecinos: la menor intervención es la mejor ayuda
Como habitantes de una ciudad que avanza sobre el monte nativo en su periferia, deberíamos saber qué hacer si nos cruzamos con fauna nativa. La premisa fundamental que debemos incorporar es: la menor intervención humana posible es la mejor intervención y la que más ayuda.
Tener en cuenta estas pautas si nos encontramos con un animal silvestre:
- No acercarse ni acorralarlo, ni intentar tocarlos o capturarlos. Pensar que no nos conoce y puede reaccionar mal por miedo o estrés.
- No alimentarlos. Darles comida altera su metabolismo, los enferma, les quita el miedo natural al ser humano (su principal mecanismo de defensa) y olvidan como buscar alimento.
- Gestionar bien nuestros residuos para evitar atraerlos. Saquemos los residuos cercanos al horario de recolección, en bolsas cerradas. No dejar comida que nos sobre para alimentar animales. Los restos de comida son el principal imán para la fauna periurbana.
- No mascotizarlo. La tenencia de fauna silvestre está prohibida por ley. Los animales silvestres no deben convivir con humanos. No confundamos amor con impedirle completar su ciclo de vida natural.
- Alejarlo de perros y gatos para evitar ataques cruzados y frenar el contagio de enfermedades como la sarna.
Es necesario buscar el corredor natural más cercano por donde vino, puede ser un baldío, un canal de desagüe, las vías del tren, un parque, una construcción abandonada. Dejale siempre una vía libre para que se retire solo. Si es un lugar muy concurrido, permanecer ahí quieto y custodiarlo hasta que regrese al mismo sitio donde está más seguro.
¿Cuándo y cómo denunciar la presencia o el tráfico de fauna?
Si el animal está herido, atrapado o representa un riesgo real para humanos, llamar a:
- Línea de emergencias: 911 (deriva a la Policía Ambiental / Rural).
- Córdoba: Policía Ambiental — 0800-777-0220.
La Policía Ambiental de Córdoba recibe denuncias por:
- Animales silvestres encerrados o tenidos como mascotas en casas.
- Venta o transporte ilegal de animales del monte o aves de la zona.
- Compra y oferta de fauna protegida en redes sociales o negocios
Denunciar con datos y geolocalización del lugar donde se comete el ilícito a través de estos medios:
- WhatsApp: 351-3108709 (lunes a viernes de 8:00 a 20:00 h, y fines de semana de 11:00 a 17:00 h; solo para mensajes, si es posible con fotos o videos)
- Ciudadano Digital (CiDi): Ingresar al Sistema Integral de Gestión de Policía Ambiental o buscar la opción «Denuncias Policía Ambiental» (disponible las 24 horas, de forma anónima).
- Teléfono: 0351-4420924 (lunes a viernes de 8:00 a 14:00 h) o la línea gratuita 0800-777-0220.
- Correo electrónico: [email protected]
La Policía Ambiental tiene facultades para intervenir solo cuando se trata de fauna silvestre. Los casos de maltrato de animales domésticos son competencia de la Policía de la Provincia, que es la autoridad de aplicación.
La próxima vez que te cruces con un vecino silvestre, recordá la regla de oro: la menor intervención es siempre la mejor ayuda. Los animales no invaden el cemento, buscan el monte que quedó debajo. La mejor ayuda que podemos darle a la fauna nativa es devolverle el respeto y la distancia. Mirarlos con empatía y conocimiento es la única vía para construir ciudades verdaderamente conscientes y biodiversas.
*Por Alicia Córdoba para La tinta / Imagen de portada: El Doce.
