La Selección Argentina venció 3 a 2 a un durísimo Egipto y selló su clasificación a los cuartos de final del Mundial 2026 en un partido épico para la historia. No fue el partido bonito que el hincha esperaba, pero tuvo la dosis de drama, templanza y mística que define a «La Scaloneta».
Desde el pitazo inicial, Egipto plantó un bloque defensivo tan ordenado como rocoso, liderado por una presión asfixiante que cortó los circuitos de juego argentinos durante los primeros minutos.
Y tuvo su premio temprano, con un ventaja en el marcador a la que se aferró con uñas y dientes. El tiempo transcurría y cuando Lionel Messi erró el penal sobre Nicolás Tagliafico, la cosa se puso cuesta arriba. El arquero Mostafa Shobeir engrandeció su figura tapando el tiro desde los doce pasos del mejor del mundo y también dos claras ocasiones.
Argentina iba en búsqueda de la igualdad y de contra, Egipto estampó el 2 a 0.
Ya en el minuto 79, cuando el reloj comenzaba a ser una preocupación y todo parecía terminar en desconsuelo, Messi lanzó un centro preciso para que Cuti Romero cabeceara y acortara distancias. Y ahí nomás, en el minuto 83, el mismo Messi capturó un rebote en el área y puso el empate.
Argentina había salvado la ropa y miraba con buen ojo la prórroga, pero todavía había que sufrir un poco más. Leandro Paredes se convirtió en héroe arruinando la contra que podría haberle dado el triunfo a los egipcios y acto seguido, cuando el partido de moría, Lautaro Martínez se fue corriendo por la banda solo, tiró un centro perfecto al área y Enzo Fernández cabeceó al gol.
Así desató el delirio de los miles de argentinos que viajaron a Atlanta (Estados Unidos) y la Scaloneta recuperaba el control del destino.
Sobre el final, el partido se rompió: se tornó físico, de ida y vuelta, con los dientes apretados.
El dato: Con este triunfo, Argentina mantiene su racha invicta en octavos de final en las últimas citas mundialistas, consolidándose entre los ocho mejores equipos del planeta.
Argentina está en cuartos de final. No le sobró nada, es verdad. Se sufrió más de la cuenta ante un rival dignísimo. Pero en el manual de los Mundiales está escrito que para ser campeón, primero hay que saber sufrir. El sueño de la cuarta sigue más vivo que nunca.