Mientras en las últimas semanas diversos focos de incendio afectaron basurales en Casa Grande —donde el fuego se declaró el domingo y requirió la intervención de bomberos de varios cuarteles y aviones hidrantes— y en La Cumbre, donde el foco permaneció controlado pero activo durante semanas, el emprendedor Andrés Álvarez sostiene que estos episodios no deben ser abordados como hechos aislados sino como síntomas de un problema estructural. En ese marco, desde su empresa Re! impulsa un modelo basado en la reutilización y el refill, y acaba de superar la tonelada de productos en ese formato, lo que equivale a miles de envases plásticos que no ingresan al circuito de residuos. Sin embargo, advierte que el desafío trasciende las iniciativas particulares y reclama políticas públicas que coloquen la reducción de residuos como prioridad.
El emprendedor y referente de la economía circular Andrés Álvarez expresó su preocupación por la contaminación de los basurales y reflexionó sobre la necesidad de encontrar soluciones de fondo para avanzar hacia un modelo más consciente en la gestión de residuos.
Desde su trabajo al frente de Re!, impulsa un sistema basado en la reutilización, el refill y la producción de productos de higiene y cosmética elaborados con ingredientes naturales, biodegradables y sin tóxicos.
En ese marco, la empresa alcanzó un nuevo hito: superar la tonelada de productos en formato refill, lo que representa la reducción de miles de envases plásticos descartables que dejan de ingresar al circuito de residuos.
“Es impresionante lo que podemos lograr cuando hay acuerdos básicos y empezamos por lo pequeño, pero concreto”, señaló Álvarez al destacar la dimensión del impacto alcanzado. Pero, a su vez, expresó su preocupación por la contaminación: “Uno no se da cuenta, pero respira el aire contaminado por una montaña de basura que además a veces se quema. A su vez, la basura no desaparece, se la traga la tierra, y con ella el agua, los ríos. Con lo cual, el aire que respiramos, el agua que tomamos, la tierra que cultivamos, termina estando contaminada”.
En ese sentido, el referente advirtió que el desafío excede el consumo individual y requiere una discusión más profunda sobre el rol de las políticas públicas en la reducción de residuos. “¿Qué pasaría si estos sistemas dejaran de ser experiencias aisladas y se transformaran en políticas de Estado? ¿Cuánto podríamos reducir la contaminación si la disminución de residuos fuera una prioridad colectiva?”.
Asimismo, subrayó: “No podemos naturalizar que los residuos sigan creciendo mientras las respuestas siguen siendo marginales”.
En ese marco, el concepto “Que la basura no nos tape” propone una mirada que excede lo ambiental y se vuelve también cultural. Para Álvarez, se trata de no acostumbrarse a convivir con el deterioro como si fuera inevitable, ni aceptar que cada año se produzcan más residuos sin cuestionarlo. Es también una invitación a reflexionar sobre el entorno: lo que consumimos, lo que descartamos y lo que eso implica en el territorio que habitamos.
La idea apunta, además, a salir de la sensación de impotencia frente a problemas que suelen percibirse como demasiado grandes. En esa lectura, la basura no solo ocupa espacio físico, sino también simbólico: instala resignación, invisibiliza alternativas y debilita la capacidad de imaginar otros escenarios posibles. “Que la basura no nos tape” propone justamente lo contrario: volver a ver, volver a pensar y volver a actuar.
Porque, en definitiva, el debate no se reduce a los residuos en sí mismos, sino al modo en que una comunidad decide organizar su vida cotidiana y al legado ambiental que deja a las próximas generaciones.
“Que la basura no nos tape los paisajes que amamos, el agua que consumimos ni la posibilidad de imaginar comunidades más responsables. Porque no se trata solo de residuos: se trata del lugar donde elegimos vivir y del futuro que estamos construyendo”, concluyó.