En la columna Con Alma Tech, dialogamos con Ana Laura Almada, integrante de Cooperativa Viarava, a raíz de los últimos acontecimientos vinculados a un colegio secundario de CABA.
«Estamos hablando de grupos que se organizan para realizar este tipo de acciones; entonces, claramente hay una intencionalidad, un objetivo. Y es violento: es violencia contra las mujeres, contra las niñas y contra las adolescentes. Para mí esto no se puede cuestionar ni se puede seguir enmarcando en una travesura. Es una manifestación explícita de hasta dónde están llegando los discursos de violencia hacia las mujeres en 2026.
Hablamos de adolescentes, menores de 15 años, que se organizan para buscar imágenes, retocarlas y venderlas. Y, no conformes con eso, les ponen los nombres de sus propias compañeras.
Por un lado está ese aspecto. Y, por el otro, el tema tecnológico, que resulta muy interesante para pensar la desigualdad en el acceso a las herramientas. Me llamó mucho la atención lo que dijo en televisión una de las mamás: ella estaba segura de que habían utilizado herramientas pagas y no gratuitas. Hizo esa aclaración porque no se usó una inteligencia artificial generativa de las que accede todo el mundo, sino que, por la calidad del resultado, suponía que eran versiones aranceladas.
Ahí sumamos otra capa de complejidad, porque esto ocurre en un colegio privado y la mayoría de los casos que vi en las noticias corresponden a sectores de clase media-alta. Hay una cuestión con el acceso a cierto tipo de herramientas, como destacaba esta mamá: no es que cualquiera agarra una versión gratuita y hace esto. Se requiere tener la versión ‘un poco mejor’, vamos a decirlo así, que es lo que hoy ofrecen las empresas de inteligencia artificial.
Además de eso, está el aspecto multiplicador, que es la parte que me parece más peligrosa. La modificación en sí ya es un problema; que la herramienta permita que eso ocurra ya es sumamente grave. Es una discusión que se viene dando hace mucho tiempo: cuáles son realmente las restricciones de seguridad que se están implementando en los modelos a los que accede de manera masiva todo el mundo. Claramente esas limitaciones no existen, porque esto lo están haciendo un montón de personas no solo en Argentina, sino en todo el mundo. La herramienta no tiene absolutamente ningún parámetro para evitar que suceda.
Por otro lado, sobre este ‘efecto multiplicador’ que me parece lo más preocupante: parece que otra vez tenemos que insistir sobre qué ocurre cuando subimos información a las redes sociales. Esto en algún punto tiene origen porque acceden a imágenes en cualquier lado. Pero cuando las venden y las suben a otras plataformas, se pierde absolutamente el rastro de qué pasa con ese material. No se puede definir ni delimitar el alcance que va a tener. Sabés dónde empieza, pero no sabés dónde termina, y eso es lo más alarmante».