El doble sismo de magnitud 7,2 y 7,5 dejó cientos de muertos y miles de heridos. Pero la tragedia natural encontró a un país con hospitales desabastecidos, sin personal suficiente y con pacientes que deben llevar sus propios medicamentos. La emergencia humanitaria compleja que ya atravesaba Venezuela se profundiza.
«No hay». Esa frase, que en Venezuela se ha repetido durante años para referirse a la falta de huevos, azúcar o papel higiénico, ahora se aplica a algo mucho más vital: insumos médicos, personal sanitario y equipamientos para salvar vidas. Desde el miércoles 24 de junio, cuando un terremoto de magnitud 7,2 seguido 39 segundos después por otro de 7,5 sacudió el país, el ya deteriorado sistema de salud venezolano se enfrenta a su peor prueba.
Los centenares de muertos y miles de heridos de diversa gravedad, sumados a las personas que aún esperan ser rescatadas bajo los escombros, pusieron al descubierto una realidad que los médicos venezolanos denuncian hace años. «Todos nuestros hospitales carecen de suministros, carecen de medicamentos; no somos capaces de proporcionar atención médica a nuestra población en un día normal. Ahora, con esta tragedia, la emergencia es aún mayor», explicó a la BBC el doctor Pedro Javier Fernández, de Médicos Unidos por Venezuela.
El colapso en cifras
El panorama que enfrentan los equipos de emergencia es desolador. Según la Federación Médica Venezolana, el 90% de los hospitales del país están desabastecidos y abandonados. La última Encuesta Nacional de Hospitales (2024) indica que el índice de desabastecimiento de insumos de quirófano alcanza el 74%, y que solo 4 de cada 10 quirófanos están operativos. En 2025, la ONG Provea registró más de 94.000 denuncias de usuarios del sistema de salud por falta de personal, insumos básicos y equipos médicos.
A eso se suma la fuga de talentos: más de 42.000 trabajadores sanitarios migraron en los últimos años, según datos de 2023 de la Federación Médica Venezolana. Los que quedan, denuncian, ganan sueldos miserables y trabajan en condiciones de extrema precariedad.
La odisea de los pacientes
En los hospitales de Caracas y La Guaira, la región más afectada, la situación es caótica. Medios nacionales reportan que a quienes acuden a los centros sanitarios se les pide que lleven sus propios insumos. Jennifer Hidalgo, familiar de una víctima, relató al medio Efecto Cocuyo: «Están colapsados. No tienen casi nada. Me pidieron bacitracina, Gerdex para los puntos, gasas, analgésicos. No puedo comprar nada de eso».
El doctor Franklin Rodríguez, que se desplazó 30 kilómetros para ayudar en La Guaira, describió los hospitales principales del estado como «completamente desbordados». Un médico del Hospital Domingo Luciani, en Caracas, contó a la AFP que «algunos niños dicen sus nombres, mientras que otros llegan con una cinta de identificación en el brazo». En el mismo centro, se requieren con urgencia desde gasas y guantes hasta bisturíes y batas quirúrgicas.
La ayuda internacional, una luz en la oscuridad
Ante la magnitud de la tragedia, la ayuda externa comenzó a llegar desde países como México, Chile, Suiza y Turquía. El Departamento del Tesoro de Estados Unidos anunció la suspensión temporal de algunas sanciones para permitir operaciones bancarias relacionadas con la asistencia humanitaria.
Sin embargo, los rescatistas, que trabajan con recursos insuficientes, no dan abasto. «Están sacando a la gente con uñas y dientes, no tienen maquinaria especializada», dijo a BBC Mundo el estudiante Antoan Marín desde Caracas. «Nos falta ayuda», resumió.
Un drama que no comenzó con el terremoto
Lo ocurrido en Venezuela es la crónica de una crisis anunciada. El sistema de salud, que ya se encontraba en estado de emergencia humanitaria compleja, fue golpeado por la naturaleza en su punto más vulnerable. Los terremotos no causaron la escasez ni la falta de personal, pero la hicieron más visible y más letal.
Mientras el mundo mira con atención, los venezolanos enfrentan una realidad desgarradora: salvar vidas en un país donde hasta los insumos más básicos son un lujo.
Redacción Diario de Punilla
Fuente: BBC News Mundo / informes de la Federación Médica Venezolana y ONG Provea